
Reconociendo la diversidad de las sociedades civiles y de las realidades nacionales ¿Cuáles son los acumulados de la sociedad civil que nos permiten o permitirían enfrentar la ola de autocracias y corrientes anti-derechos? ¿Con qué contamos? En el conversatorio «Democracias y autocracias: las aguas en las que navega la sociedad civil en América Latina», realizado dentro de la XIV Conferencia Regional para América Latina y el Caribe de ISTR (https://www.istr.org/) un grupo conformado por trece integrantes de unidOSC y cinco invitados de El Salvador, Argentina, Nicaragua, Colombia y de México a partir de estas preguntas detonadoras, reflexionó sobre el complejo panorama que enfrenta la sociedad civil en América Latina. La discusión se centró en cómo las organizaciones pueden resistir la ola de autocracias y movimientos antiderechos, y cuál debería ser su papel en los próximos años para promover la democracia. Se identificó que, en medio de la polarización y la crisis de confianza, las organizaciones de la sociedad civil (OSC) y la academia están llamadas a ser espacios de resistencia y promotores de una narrativa basada en evidencia.
A nivel regional, se reconoce que la arquitectura democrática ha permitido el espacio cívico, pero la democracia está bajo ataque tanto por gobiernos de izquierda como de derecha. La cooperación autoritaria es una realidad, y la sociedad civil debe adoptar una visión plural para combatir estas amenazas. A lo largo del tiempo, las OSC han evolucionado, afirmando su independencia y su derecho a ser diversas. Su principal fortaleza reside en la legitimidad que les confiere la transparencia, la independencia y una larga trayectoria de lucha, incluso en contextos de clandestinidad.
La reflexión del conversatorio se estructuró en tres niveles: inercial, autocrítico y trascendental.
Lo que tenemos: Fortalezas y Acumulados
Las OSC cuentan con una serie de fortalezas inerciales. Han desarrollado capacidades consolidadas, una comunidad profesionalizada y una vasta experiencia operativa. Disponen de un amplio abanico de estrategias, desde la movilización política hasta la incidencia y la acción directa. Internamente, comparten una ética compasiva, pensamiento crítico y flexibilidad estratégica. También hay activos como el potencial creativo y el know-how de sus integrantes, además de contar con casos de éxito replicables. Hay un valioso acumulado de experiencia en países que han enfrentado el autoritarismo por mucho tiempo. Además, tienen una profunda capacidad de análisis para comprender la complejidad del entorno y una creciente experiencia en el diálogo, lo que permite la colaboración más allá de las diferencias ideológicas.
Lo que nos falta: Desafíos y Carencias
La autocrítica revela importantes carencias. Existe una falta de unidad, coordinación, humildad y generosidad entre las propias organizaciones. Persisten culturas autocráticas, machistas y discriminatorias en el seno de la sociedad civil, y algunas organizaciones se han acomodado a la reducción del espacio cívico. Hay un profundo desgaste mental y emocional en los defensores de derechos humanos. Los marcos tradicionales como el derecho internacional y el multilateralismo han perdido fuerza, generando un «pasmo nostálgico». Las OSC también enfrentan una brecha narrativa y tecnológica, pues no logran competir con los «influencers» en redes sociales ni traducir sus causas en cambios concretos para la vida de las personas.
La ruta a seguir: Visión a largo plazo
Pensando en los siguientes cinco años, ¿cuál debería o podría ser el rol que juguemos las organizaciones de la sociedad civil para seguir promoviendo la democracia y los derechos humanos? El grupo coincidió en que el camino para la sociedad civil es una reinvención profunda que trascienda la visión inercial. Es crucial ir más allá de la «democracia mínima» y construir una democracia sustantiva que se traduzca en cambios concretos para la gente. Las OSC deben aprender de las expresiones de autogestión y autonomía que ya existen a nivel local y comunitario para encontrar nuevas formas de organización. Es imperativo que el sector se articule para una incidencia estratégica y quirúrgica, especialmente aprovechando la tecnología y la inteligencia artificial, y que combata la narrativa de inevitabilidad de los regímenes autoritarios. Finalmente, se debe fortalecer el diálogo con otros actores, incluyendo a la academia, y estar alerta ante las nuevas leyes que amenacen el espacio cívico, sin dejar de cumplir con las normativas para garantizar su propia supervivencia.



